Errea
Altura, silencio y sillar antiguo
Altura, silencio y sillar antiguo
A casi ochocientos metros de altitud, Errea se recoge bajo la ladera como si buscara abrigo en la montaña. Desde la margen izquierda del Arga, el caserío observa el valle con una quietud antigua. La iglesia del Rosario, firme en su sillería, concentra la gravedad mineral del lugar, mientras los nombres de antiguos despoblados (Zuarraga y Sairas) sobreviven en el susurro del viento. Aquí, el tiempo no avanza: se posa. Y en esa pausa conviven la memoria de los regidores que gobernaron por turnos y la piedra rural que aún sostiene los muros del presente.
Errea pertenece al valle de Esteribar y se eleva a 793 metros de altitud. Rodeada por Ilárraz, Osteriz y Ardaiz, la villa está históricamente organizada en torno a cinco casas útiles que se turnaban el gobierno del lugar. Aquí se conserva la impronta de los antiguos señoríos y de los enclaves hoy despoblados que marcaron estas montañas. Su término, inscrito en la Comarca de Auñamendi, es un territorio donde la historia se funde con la topografía.
Recorrer Errea es adentrarse en una geografía donde la fe y la piedra dialogan con el pasado.
Errea es una localidad perteneciente al municipio del valle de Esteribar, situada en la zona norte de la Merindad de Sangüesa.
Según el registro municipal de 2020, Errea cuenta con 14 habitantes. Datos del INE de 2014 situaban la población en 17 vecinos.
Las fiestas patronales de Errea se celebran el 7 de octubre en honor a la Virgen del Rosario.
Piedra viva
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