Sarasibar
Plata antigua bajo cielo de realengo
Plata antigua bajo cielo de realengo
Sarasibar descansa en la margen derecha del río Arga como quien conoce su linaje. Aquí, la piedra de sus doce casas útiles no solo sostiene techumbres: guarda turnos, nombres y decisiones tomadas al abrigo de un antiguo señorío realengo. Aquí la historia no irrumpe; se posa.
La parroquia alza su volumen mineral en medio del silencio del valle, y en sus muros parece respirarse todavía la memoria de aquellas pechas de cereal entregadas al Reino. Todo sucede con discreción: el agua que avanza hacia la cuenca de Pamplona, la montaña que observa sin intervenir, la imaginería gótica que permanece como un latido contenido.
Concejo del valle de Esteribar, Sarasibar limita al norte con Esáin y al este con Larrasoaña, formando parte de ese mosaico de pequeños núcleos que dibujan la Merindad de Sangüesa. En el siglo XIX se reconocían doce vecinos en el lugar, eco de las doce casas útiles que estructuraban la vida comunitaria. Fue señorío realengo cuyas rentas se vendieron a Roncesvalles en 1324, y durante generaciones el regidor se elegía de forma cíclica entre las casas del núcleo, manteniendo una administración ligada al ritmo interno del pueblo.
Hoy, la vida discurre vinculada al sector primario y a la custodia de un patrimonio donde la raíz medieval aún asoma con claridad.
El patrimonio de Sarasibar permite observar la unión entre la fe de origen medieval, la orfebrería renacentista y la arquitectura rural de sillería.
Se ubica en la margen derecha del río Arga, en el Valle de Esteribar (Merindad de Sangüesa), a 16 kilómetros de Pamplona.
En 2020 contaba con 32 habitantes. Registros del INE de 2014 situaban la población en 37 vecinos.
Es un concejo perteneciente administrativamente al municipio del Valle de Esteribar.
Piedra viva
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