En la divisoria donde el Cantábrico y el Mediterráneo parecen encontrarse, la bruma y el rastro del hierro conviven como si el tiempo fuese un hilo suspendido. Los valles de Larraún y Leizarán guardan el eco del "tren txiki" y la persistencia de hayedos que custodiaran generaciones. Es un territorio de tránsito y misterio, donde la humedad envuelve los túneles y la piedra.
¿Qué ver en Plazaola?
Entre estaciones y prados, Plazaola ofrece un itinerario donde la naturaleza y la cultura trazan historias que se leen al ritmo de la bruma y del agua.
- Vía Verde del Plazaola: El antiguo trazado ferroviario que unía Pamplona y San Sebastián se convierte hoy en un sendero de 60,3 km, donde caminantes y ciclistas recorren valles, bosques y túneles con el tiempo suspendido.
- Túnel de Uitzi (Huici): Con sus 2.700 metros, es el más largo de la red de vías verdes de la península y marca la divisoria de aguas entre el Cantábrico y el Mediterráneo, uniendo geografía y memoria.
- Antiguas estaciones: Edificios como el de Lekunberri, que alberga el Punto de Información Turística, y el de Leitza, rehabilitado como albergue y centro de servicios para cicloturistas, custodian la memoria de un ferrocarril.
- Valle de Leizarán: Biotopo Protegido donde la pureza del agua y el bosque de ribera crean un microcosmos de biodiversidad y serenidad.
- Malloas y Sierra de Aralar: Pastos de altura, dólmenes prehistóricos y leyendas antiguas custodian la vía y ofrecen panorámicas que revelan la armonía entre lo natural y lo humano.
- Caseríos y vida tradicional: Construcciones de sillería que recuerdan la ganadería de oveja lacha y la producción del queso Idiazábal, donde la rutina cotidiana dialoga con la quietud del paisaje.