El eco de la caliza y la memoria de las alturas
Donde el río Ezka se abre camino entre hayedos profundos y la vastedad mineral del macizo de Larra, el tiempo no avanza: se posa. En el Valle de Roncal, la atmósfera se percibe en el tránsito lento desde la umbría del bosque hasta las cumbres que sostienen el horizonte, y en el silencio compartido de siete villas que aún guardan la huella de la trashumancia y el antiguo arte de las almadías. Es un espacio donde las bordas dispersas y el murmullo constante de las regatas componen una música apenas audible. Todo aquí parece dispuesto para que la montaña se revele poco a poco.
¿Qué ver en el Valle de Roncal?
El recorrido se convierte en una forma de lectura del entorno y su memoria.
- Macizo de Larra y Valle de Belagua: Espacio de observación natural donde las formas erosionadas y la roca caliza forman uno de los conjuntos kársticos más impresionantes de Europa. Belagua registra su origen como el único valle glaciar de Navarra.
- Mesa de los Tres Reyes: Con 2.428 metros, constituye la culminación del paisaje navarro y un hito para el montañismo pirenaico.
- Patrimonio de Julián Gayarre: En la capital, Roncal, se registra la Casa-Museo dedicada al tenor y su mausoleo en el cementerio, una obra en mármol y bronce de Mariano Benlliure galardonada en París.
- Museos etnográficos: La Casa de la Memoria en Isaba custodia la historia de las "golondrinas" y los pastores, mientras que el Museo de la Almadía en Burgui registra la técnica del transporte fluvial de madera.
- Foz de Burgui: Reserva Natural que custodia una importante colonia de aves rupícolas y permite observar el vigor de la erosión del Ezka.
- Patrimonio religioso: Entre otras, destacan la iglesia-fortaleza de San Cipriano en Isaba y la iglesia de Santa Engracia en Uztárroz, que alberga el mejor órgano barroco de la comunidad.