Zandueta
El paisaje en Zandueta se extiende en una ladera discreta junto al río Urrobi. Allí, la piedra de las pocas casas parece conservar el eco de un tiempo que pasó sin desaparecer del todo.
El paisaje en Zandueta se extiende en una ladera discreta junto al río Urrobi. Allí, la piedra de las pocas casas parece conservar el eco de un tiempo que pasó sin desaparecer del todo.
El paisaje en Zandueta se extiende en una ladera discreta junto al río Urrobi. Allí, la piedra de las pocas casas parece conservar el eco de un tiempo que pasó sin desaparecer del todo. Zandueta se reconoce en el susurro continuo del pinar más de trescientas hectáreas de pino silvestre y en la huella de quienes habitaron este lugar, donde la historia reciente y la más antigua conviven. La memoria de la familia Ilarraz, última en habitar el caserío, se entrelaza con una nueva función que ha transformado el espacio en un lugar de acogida y reconstrucción personal. Entre la caliza de los muros, el vuelo circular de los buitres y la quietud del bosque, se despliega un paisaje donde la resiliencia forma parte del entorno. En Zandueta, la vida se adapta al ritmo pausado de la montaña.
Zandueta es un pequeño caserío perteneciente al municipio de Arce, situado a unos 36 kilómetros de Pamplona. Su historia está marcada por una evolución singular, que lo ha llevado de núcleo habitado a espacio con una función social contemporánea. En sus orígenes fue un lugar de señorío realengo que satisfacía sus obligaciones mediante pagos en especie, pero en 1975 la última familia residente vendió el conjunto del término a la Diputación. Desde 1982, el caserío alberga el centro Dianova Zandueta, un centro terapéutico y educativo dedicado a la rehabilitación de jóvenes y gestionado por la asociación Dianova. Así, Zandueta ha incorporado una nueva dimensión a su historia, donde la vida comunitaria y el entorno natural se integran en un mismo proceso. Su nombre, de origen vasco, se interpreta probablemente como “lugar del santo”.
El patrimonio de Zandueta se revela en la relación entre el paisaje y su transformación reciente.
Se ubica en la orilla derecha del río Urrobi, en una situación que mira al sur hacia el despoblado de Uroa, en la carretera radial que une Pamplona con Valcarlos por Aoiz.
En el centro, la vida cotidiana se organiza en torno a procesos de acompañamiento personal, donde el trabajo con la naturaleza —labores forestales, cuidado de animales o mantenimiento del entorno— forma parte del camino de recuperación de los menores, integrando el paisaje en la propia experiencia vital.
El centro terapéutico y educativo dispone de 20 plazas, y en estos momentos hay ingresadas 16 personas, 4 de ellas procedentes de Navarra.
Piedra viva
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