Eslava
Colinas de historia y susurros de piedra
Colinas de historia y susurros de piedra
En la ladera donde se posa nuestro caserío, la piedra guarda los ecos de caminos que unieron vascones y romanos. El aire de la villa parece detenerse en el silencio de sus colinas, mientras el recuerdo del antiguo castillo medieval, derribado en 1516 por orden del cardenal Cisneros, todavía dibuja su silueta invisible sobre el paisaje. Los restos arqueológicos, la solidez de la parroquia de San Miguel y la textura del terreno crean un escenario donde la historia y el relieve dialogan, uniendo el pasado con la quietud eterna de los siglos.
A 56 kilómetros de Pamplona, en la Comarca de Sangüesa, Eslava acoge a un centenar de habitantes que viven entre colinas suaves y campos que parecen ondular al ritmo del tiempo. La altitud de 534 metros concede a la villa un aire de observadora tranquila, donde cada calle y sendero respira el pulso pausado de la vida rural. Este territorio, antiguo hito estratégico del Reino de Navarra, hoy se reconoce por su rico legado arqueológico y la memoria que perdura en cada piedra, en cada sombra y en cada rincón de sus colinas.
En Eslava se recorre el tiempo entre piedras y esculturas, porque cada calle, cada templo y cada vestigio romano susurra la historia del valle.
El municipio de Eslava cuenta con una población de unos 100 habitantes.
El apellido Eslava, de antiguo y distinguido linaje navarro, proviene de la villa de Eslava (de la que adoptó su nombre), situada en el valle de Aibar y bajo la jurisdicción de Aoiz.
Las fiestas de Eslava se celebran del 31 de julio al 3 de agosto. El patrón de la villa es San Miguel, cuya festividad marca el calendario espiritual y comunitario de la población. También tienen jornadas especiales en agosto que vinculan el patrimonio arqueológico con la cultura local del vino.
Piedra viva
En línea